jueves, 23 de marzo de 2006


Sara te vuelve la cara. Siempre lo hace. Recuerdo perfectamente la última noche, en un pequeño restaurante no muy lejos del Teatro Principal: todas las cabezas se volvían como gárgolas al acecho para mirar las piernas infinitas de tu acompañante -menuda hembra- , teníamos que andar de puntillas para estar a su altura, pero a ella no le importaba, al fin y al cabo estaba allí por ti, por nosotros y aunque parecía una Atenea recién salida de la cabeza de Zeus, no dejaba de resultar familiar y cercana, como una prima segunda a la que observas apetecible y con la que tienes algún affair de verano.

Todos menos Sara, que siempre anda volviéndote la cara, o cruzándose de acera o leyéndote a escondidas desde su mesita de despacho universitario. Sabes que ella en realidad miraba y que se cruzaron por un instante las líneas de visión y de tiempo, luego giró su rostro de facciones suaves, pudiste apreciar la mueca, el disimulo, el gesto contraído. Podías haber pasado perfectamente por su lado sin decir nada, pero le rozaste el hombro y saludaste casi en un susurro. –No te había visto- dijo, -la miraba a ella, creí reconocer a alguien conocido-, después continuó como si nada, Sara distante, Sara sorprendida, Sara que no olvida y se revuelve por dentro, como una adolescente frágil que no entiende de dónde viene el dolor. Sara mujer y Sara madre, Sara esposa. Todas las Saras en una y todas volviendo la cara. Todas negándote, negándonos a los dos, pero sobre todo a ti que soy yo.

Publicado por Puzzle a las 9:05
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viernes, 17 de marzo de 2006


A veces ella es una bolsa que cuelga de una silla de ruedas,
una bolsa pequeña y desplegada,
queriendo caer,
que quiere celosamente caer
luego, alguna tarde
es una luz o un cometa
con una pulsera o un reloj nuevo
-regalo de cumpleaños-
también es un olvido,
un temblor,
una maceta descuidada
a la que puedes hablarle de cómo te ha ido el día
una ausencia que llora y te mira
que piensa que la vida no debería ser esto,
¿cómo puede ser esto?
lo más parecido a un mal sueño,
aunque cada vez importa menos
porque a ella se le están encharcando los pulmones
y a mí se me escapa la pena por los ojos
cuando me confunde con otra persona
una persona que nunca fui
pero yo le digo que soy esa persona
para que no se sienta más extraña aún
y le ajusto un poco la posición de la manta
mientras me dice cosas que a veces tienen cierto sentido
pero sólo a veces,
el resto del tiempo,
la bolsa se hunde despacio
y yo le tiendo la mano para que no se suelte.

Publicado por Puzzle a las 16:41
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domingo, 12 de marzo de 2006


Necesita mirar las cosas con más detenimiento, encontrar el pulsador de la máquina del tiempo y congelar la historia (su historia) por un instante. Precisa encontrar tiempo para leer, tiempo para escribir, para todas esas cosas que le dan la vida y que está aprendiendo a olvidar -algo a lo que no debería acostumbrarse- tiempo para encontrarse en el espejo al final del día y mirarse las manos sin que le parezcan dos pájaros derrotados, dos malos presagios, dos historias bien distintas con finales diferentes.

Publicado por Puzzle a las 21:19
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miércoles, 1 de marzo de 2006




En la escuela nos dijeron que la jirafa es el animal más entrometido que existe y que por eso tiene el cuello tan largo: de tanto estirarlo para ver más allá de las nubes y las estrellas. Las jirafas, que normalmente son de género femenino (¿acaso alguien vio alguna vez un jirafo?) se enamoran de camellos o de dromedarios (género masculino) que son particularmente serios y responsables, pero muy galantes y bonachones. Además, los camellos siempre están comiendo chicle, sobre todo cuando los fotografías.

Julieta espera desconsolada a que vuelva Zacarías, que siempre está trabajando mucho dando paseos a los turistas que visitan el desierto o repartiendo los regalos de los Reyes Magos. Julieta se entretiene tejiendo bufandas o escuchando boleros, aunque lo que más le gusta hacer es jugar con sus amigas a camuflarse entre las enramadas y ponerse guapa retocando las manchas de su cuerpo con nuevos diseños. Lo más curioso de todo es que, a causa de su largo cuello, la cabeza y el corazón están tan lejos que los sentimientos le llegan con media hora de retraso con respecto a los pensamientos.

Cuando cae la noche y no puede dormir, suele esperar subida en lo alto de una torre, porque una vez escuchó que las enamoradas siempre tienen que esperar la llegada de su galancito en sitios altos y cercanos al cielo, eso incluye también a la jirafa, aunque sea el animal más alto de todos y no necesite escaleras ni ascensores. Julieta está triste porque echa terriblemente de menos a Zacarías, que anda haciendo horas-extra transportando exploradores en la Gran Sabana, que es como un mundo perdido dentro de otro mundo perdido y así hasta que alguien lo encuentre.

Julieta llora y llora, a veces deprisa, a veces a cámara lenta, a veces se duerme y a veces descansa -siempre de pie- pero sigue llorando incluso en sueños, y las acacias (que se han quedado sin hojas porque se las comió todas Julieta) se despiertan sorprendidas y se preguntan unas a otras qué está pasando, -¡Está lloviendo! ¡Está lloviendo!- y extienden sus ramas como si fueran manos que quieren acariciar a Julieta. Pero no es lluvia, no es lluvia, son las lágrimas de Julieta que está muy preocupada porque Zacarías olvidó la bufanda y con la edad se está volviendo muy friolero.

Ilustración: © Cecilia Varela

Publicado por Puzzle a las 23:50
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