jueves, 18 de septiembre de 2008




Es un hecho incontestable, casi axiomático: el departamento de rumorología al que usted pertenece, y para el que ha sido contratado, nació para lanzar al mundo (como era de esperar, por encargo de nuestros clientes) hechos inciertos que podrían ser reales; sucesos que la gente desea o necesita que ocurran y que, por tanto, se sostienen sobre una base de verosimilitud.

Tan solo es necesario elegir a los protagonistas, por un lado, y el contenido del rumor, por el otro. En nuestra empresa disponemos de una base de datos con más de medio millón de chismes tipificados por su grado de impacto y el alcance máximo de la noticia: notables políticos que están a punto de salir del armario en lo más alto de su carrera y que frecuentan un garito llamado «La ostra azul»; Elvis ha sido visto por última vez en la terminal de un aeropuerto de segunda categoría; una nueva enfermedad que se transmite, de forma exclusiva, a través de la mirada en los burdeles del extrarradio; la lolita del quinto que se deja manosear en el ascensor a cambio de una bolsa de golosinas o ese domador de circo que decide quitarse la vida introduciendo para siempre la cabeza en las fauces de su caimán más indómito.

El siguiente paso es encontrar una fuente fidedigna que pueda autorizar la noticia y, por supuesto, una red de contactos que la distribuya en el menor tiempo posible. Desde el mismo instante en que suelte el rumor, empiece a medir el tiempo transcurrido, en horas, hasta que reciba una llamada solicitando confirmación de los hechos que acaba de propagar. Cuando eso ocurra, no afirme ni desmienta nada y mantenga el tono de la conversación en el terreno más ambiguo posible. Sin ningún género de dudas, eso hará que la noticia gane credibilidad.

Establezca un criterio aleatorio a la hora de extender bulos menores relacionados con el motivo principal, ya sabe, una serie de subtramas que dependan de la trama nodriza y que la refuercen. Muéstrese como alguien que desprecia las habladurías. Hágase el ofendido, gesticule desairado mientras sostiene el auricular. Niegue con la cabeza. Carraspee, tosa. Finja incomodidad y perturbación. Pero seamos claros, actúe, actúe sin contemplaciones. Mime su rumor. Acúnelo incansable en su regazo. Asegúrese de reenviar media docena de correos electrónicos con datos confusos y sin contrastar. Nunca acepte remuneración alguna por acudir a un canal de televisión y responda a las preguntas más impertinentes de los periodistas con fingida desgana. Garantice su prestigio, su falso prestigio, como informador objetivo y serio, y alimente las diferentes vías de transmisión de su habladuría. Distorsione el rumor. Manipúlelo. Habrá hecho un buen trabajo siempre que consiga el efecto deseado en el menor tiempo posible, cuando a usted mismo, por ejemplo, no le quede más remedio que reconocer que comienza a creerse su propia mentira; cuando haya olvidado cómo empezó todo. Entonces sí, entonces despréndase para siempre de su chisme, como quien se despide de un cachorro que ya no necesita ser amamantado.

(Publicado en la revista cultural "El Desembarco", Octubre 2008)

Imagen: © Adrian Boliston

Publicado por Puzzle a las 12:34
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lunes, 15 de septiembre de 2008




(A continuación, un texto de David Foster Wallace, un tipo que escribía estupendamente y que decidió colgarse del pescuezo el pasado domingo)

Y cuando encontraba algo que estaba nuevo o cuando limpiaba el cobertizo de las máquinas o la bodega a menudo papá descubría que tenía algún trasto que ya no quería y del que tenía que librarse y como estaba muy lejos para llevarlo en la camioneta hasta el vertedero o a la tienda Goodwill del pueblo llamaba por teléfono para poner un anuncio en el Trading Post del pueblo para regalarlo a quien lo quisiera. Porquerías como un sofá, una nevera o una caña vieja. El anuncio decía: Es gratis ven y llévatelo. Y aun así siempre pasaba un tiempo desde que lo ponía hasta que alguien llamaba y el trasto se quedaba en el porche molestando a papá hasta que uno o dos tipos del pueblo llegaban por fin a casa para echarle un vistazo. Y resultaba que se mostraban desconfiados y ponían una cara impenetrable como si estuvieran jugando cartas y daban vueltas alrededor del trasto y lo tocaban con la punta del zapato y decían: Dónde lo has encontrado qué le pasa cómo es que tienes tantas ganas de librarte de él. Negaban con la cabeza y hablaban con su parienta y dudaban todo el tiempo y sacaban a papá de sus casillas porque lo único que él quería era regalar una caña vieja a cambio de nada y sacarla del porche y en cambio allí seguían robándole su tiempo y obligándole a dar más y más rodeos con aquella gente para convencerlos de que se la llevaran. Hasta que se cansó y entonces cada vez que quería librarse de algo lo que hacía era colocar un anuncio en el Trading Post y poner cualquier precio idiota que se inventaba sobre la marcha cuando hablaba por teléfono con el tío de Trading Post. Cualquier precio idiota que fuera prácticamente nada. Rastra Vieja Con Dientes Un Poco Oxidados $5, Sofá Cama JC Penny Verde y Amarillo $10 y rollos por el estilo. Y entonces pasó que llamaba la gente el primer día que el Trading Post publicaba el anuncio y se acercaban desde el pueblo y hasta venían de otros pueblos más lejanos donde también se recibía el Trading Post y aparcaban removiendo toda la grava y apenas miraban el trasto e intentaban que papá se quedara con los cinco dólares o los diez dólares como fuera antes de que alguien más se lo pudiera quedar y si era algo pesado como el sofá yo les ayudaba a cargarlo y se lo llevaban en un santiamén. Ponían una cara distinta, igual que sus mujeres en la camioneta, estaban contentos y sonrientes y cogían a la parienta por la cintura y se despedían de papá con la mano cuando se alejaban. Muertos de felicidad por haberse llevado una rastra vieja por prácticamente nada. Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo y luego me dijo que fuera a sacar la grava de la zanja con el rastrillo antes de que se le jodiera el desagüe.

Imagen: © Johnny Klemme

Publicado por Puzzle a las 9:05
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lunes, 1 de septiembre de 2008


En octubre empiezo una nueva aventura como profesor de Guión audiovisual, por un lado, y Redacción y estilo, por el otro. Será en la Escuela de Escritores de Zaragoza, que dirige el poeta y novelista Julio Espinosa. Me alegra mucho que se me haya dado la oportunidad de poder compartir con otras personas tardes de lectura, de historias, de guiones, así como el hecho de contar con unos estupendos compañeros de trabajo: Julio Espinosa, Catalina Merino y Patricia Esteban Erlés. Ojalá nos veamos por allí…

Publicado por Puzzle a las 16:49
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