martes, 23 de junio de 2009


Cuando Gregoria Samsung se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertida en una oronda mariquita. Lejos de sentirse incómoda con su nuevo aspecto, decidió entregarse en cuerpo y lunares a todas las actividades que acostumbraba a mantener ocultas en su vida primigenia. Como ya era infiel a su marido, no tardó en mantener relaciones con un escarabajo de la patata. Hacían el amor a todas horas agitando los élitros de manera lasciva hasta que el peso de Gregoria reposaba sobre el del escarabajo (a ella siempre le gustó llevar la iniciativa). El sexo oral era inviable, debido al desagradable sabor que desprendía la mariquita, algo que terminó por resentir la relación y dejar al escarabajo con cara de yogur amargo. Gregoria probó con otros insectos: un gorgojo, una luciérnaga y un ciervo volante. Llegó a establecer una actividad sexual basada únicamente en la cópula que, por otra parte, podría inducirnos a pensar en una conducta promiscua. Como en esta vida —y en todas las vidas— lo que hacemos tiene consecuencias, existe una suerte de divinidad llamada tiempo que nos coloca al final en el lugar que verdaderamente nos corresponde. La vida de Gregoria se resolvió bruscamente cuando su marido (nervioso por la ausencia de su mujer en la casa) la aplastó con una chancleta de goma de la talla 42 sin saber —sin ser consciente— de que en ese instante estaba firmando su viudedad. Después se dio una larga ducha y se masturbó por primera vez en muchos años mientras el agua le corría mansamente por la espalda.

Publicado por Puzzle a las 15:14
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